Nacional / Trivialidades

Análisis hasta hoy del sexenio de EPN por Sara Sefchovich

Es muy difícil juzgar algo que apenas se esta viviendo. Sexenios anteriores se pueden analizar y medir en base a resultados ya vistos, así se juzgan y pasan a la historia, en base a promesas comparadas con las estadísticas de los verdaderos resultados.

El sexenio que estamos viviendo ha resultado sumamente controversial por varios temas: el regresó del PRI, las múltiples reformas instituidas, las inconformidades y protestas de los ciudadanos y la fuerte inseguridad que aun no logra bajar. Por más que se intente analizar, es muy difícil en 13 meses hacer un análisis claro y objetivo, sin embargo a mi juicio Sara Sefchovich logró reflejar estos 13 meses en 3 páginas en su libro La Suerte de la Consorte. 

A continuación les comparto 9 párrafos literalmente extraídos del libro (páginas 537-540) no solo por el punto de vista que la autora comparte, sino por la conclusión que nos juzga y hace reflexionar también a nosotros: los ciudadanos pasivos.

La Suerte de la Consorte es un libro que relata la vida y milagros de las esposas de los gobernantes de México. El libro analiza al mismo tiempo el contexto histórico, en un ameno recorrido por nuestro pasado y nuestra cultura. La autora, Sara Sefchovich es socióloga e historiadora, investigadora y profesora de la UNAM, articulista en El Universal. Ha escrito diversos libros y artículos y recibido premios nacionales e internacionales.

Su opinión es la siguiente:

El nuevo gobierno inició con una situación económica sorprendentemente buena, interés en los inversionistas extranjeros en venir al país. Según Jorge Zepeda Patterson, “El arribo de EPN a Los Pinos es el resultado de una puesta en común entre las élites: Empresarios, medios televisivos y clase política”

Tal vez por eso pudo empezar dando pasos espectaculares: conseguir el llamado “Pacto por México”, en el cual las principales fuerzas políticas buscarían lograr acuerdos para echar a andar las reformas consideradas fundamentales: en telecomunicaciones, educación, energética, fiscal y laboral; lanzar una reforma educativa que dio lugar a protestas sociales, pero hasta el cierre de este libro, parecía que el gobierno las había podido capotear; impresionar al mundo con la liberación de Florence Cassez, acusada de secuestro y que había generado un conflicto diplomático con el país galo, e impresionar a los nacionales con la detención de la poderosa lideresa magisterial Elba Esther Gordillo y de un alto mando del grupo delictivo de los Zetas que Estados Unidos ayudó a localizar.

EPN discurso

La manera de gobernar de Enrique Peña Nieto, en los primeros ocho meses de gobierno, consistió en todos los días pararse frente a un micrófono, delante de un letrero que anunciaba la acción del día y lanzar un discurso triunfalista a un selecto publico que lo recibía con aplausos. Él fue y vino por el mundo invitando a los inversionistas y por el país inaugurando obras y eventos, haciendo lo que Miguel de la Madrid llamaba el “lado amable” de las cosas, mientras su equipo de trabajo, conformado por hábiles políticos (los secretarios de Gobernación, Hacienda y Educación, el Procurador de la República y los jefes de las bancadas del Senado y la Cámara de Diputados) se encargaban de la parte difícil: la economía, las negociaciones con grupos disidentes o enojados, la captura de narcos y lideres corruptos, las reformas.

En el extranjero muchos se han creído sus discursos. Una académica norteamericana escribió en una importante revista que México realmente se estaba transformando con Peña Nieto, convirtiéndose en prospero y competitivo: “A pesar de la violencia y el narco, hay otro México, más esperanzador, que esta pasando por una rápida y generalizada transformación social, política y económica. Ha quedado atrás la adicción al petróleo, hay manufactura y servicios y se está fomentando un mercado competitivo a nivel mundial, una clase media creciente y una base de votantes que está a favor de una democracia.”

Sin embargo a mediados del 2013, las cosas parecían no ser tan optimistas. Los datos de violencia y criminalidad no bajaban, por más que el gobierno se empeñaba en callar los hechos. En lo que se refería a la economía, las previsiones hablaban de un incremento del PIB del 2.7%, muy lejano a las promesas que eran del 4% y más. En lugar de las inversiones, miles de millones habían salido del país por decisión de los llamados “capitales golondrinos”. En lugar de empleo, el desempleo aumentó. Y los intentos de reformas en la educación y en el sector energético encontraban fuerte oposición. Tal vez ello se debió al difícil contexto internacional, a la incapacidad de los funcionarios, a que muchos grupos protestaron o simplemente a que se trata de un sistema al que es muy difícil cambiar.

Sin embargo, a pesar de todo lo anterior, los ciudadanos seguimos viviendo como si nada pasara. Todos los días salimos a nuestros trabajos, escuelas, gimnasios, compras y diversiones, como si todo fuera normal.

Igual que Peña Nieto, quisiéramos creer que lo es.

Pero ¿acaso es normal que un grupo de narcos tengan sitiado un pueblo en Michoacán y que las autoridades hagan como que no saben? ¿O que varios cientos de familia abandonen sus comunidades en Guerrero por temor? ¿O que tiren del tren en movimiento a indocumentados centroamericanos porque no le pagan sus cuotas a delincuentes? ¿O que extorsionen a comerciantes y dueños de restoranes y antros y asalten a los comensales? ¿O que le cobren derecho de piso a los ambulantes? ¿O que le roben a los pasajeros de los camiones? ¿O que secuestren autobuses de pasajeros en Morelos para cobrar recompensa por la unidad y por el chofer? ¿Acaso es normal que desaparezcan mujeres jóvenes que van a dar a la trata o aparecen muertas? ¿O que grupos de inconformes decidan manifestarse cerrando carreteras y casetas, incendiando edificios y camiones? 

Pero así vivimos, así hemos decidido vivir; el gobierno en su nube discursiva llena de informes favorables y de promesas ( y quizá hasta de buenas intenciones) y los ciudadanos pretendiendo que no pasa nada y que lo que pasa es soportable.

Sara Sefchovich La Suerte de la Consorte, páginas 537, 540

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