Historia

Vibró México y vibré yo

marisalopezcollado

El domingo pasado marche por México, y lo hice consciente de la polémica que había detrás de la marcha. Quienes me conocen saben que no solo no vote por Enrique Peña Nieto, sino que he cuestionado constantemente algunos temas de su mandato, por lógica no hubiera marchado a favor del Presidente, aunque en esta ocasión tampoco marche en contra por el simple hecho que la marcha era sobre eso, la marcha no se trataba de Peña Nieto.

Saliendo a las 12 del día del Auditorio Nacional caminé junto a estudiantes, maestros y padres de la UNAM que muy orgullosamente cantaban el GOYA, con deportistas que portaban la playera de la selección, con madres que acompañaban a sus hijos enseñándoles el placer de practicar el nacionalismo, con padres de familia que marchaban en equipo con su esposa e hijos, con lideres de opinión, con escritores como Enrique Krauze, con activistas, economistas y columnistas como Armando Regil, todos compartiendo lo mismo: a México.

Los mexicanos acostumbramos a criticar todo sin practicar nada, y esta marcha no fue la excepción: “marcha oficialista”, “fracaso la marcha”, y cuestionamientos como “¿de qué sirven las marchas?”, a mí me sirvió para salir a la calle y reencontrarme con gente que tiene la misma pasión que yo, el mismo amor al país y las mismas ganas de trabajar por sacar a México adelante. ¿De qué sirven las marchas? De demostrar en las calles lo que escribimos en redes, de mandar una imagen más sólida al mundo de unión o por lo menos de activismo y en lo personal de recargar batería para seguir todos los días trabajando, luchando y vibrando por México. Estoy segura que la mayoría de los asistentes demostraron en hora y media de protesta lo que predican los 365 días del año, porque el nacionalismo ni se oculta ni se extingue y el domingo fue la oportunidad de demostrarle simbólicamente al mundo que además de criticar, actuó y que en vez de preocuparme, me ocupo.

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¿Mi parte favorita de todo esto? Los niños. Yo hoy a mis 26 años siento en los hombros el peso y las ganas de trabajar arduamente por mi país, condenados estaríamos si los jóvenes nos resignamos a la realidad pero al mismo tiempo sé que es un trabajo arduo, largo y difícil y que necesitaré relevos algún día. Ahí entran los niños, ahí entra la infancia y recargue fuerzas de ver a todos los niños que cantaban el himno con orgullo, que habían escrito sus propios carteles, que estaban ahí por México y que pedían con la emoción infantil que a todos nos conmueve, paz. Por ellos marcho y trabajo hoy por dejarles no solo un mejor futuro sino toda la energía y el amor para que sean ellos los que tomen la estafeta el día que me canse yo de hacerlo.

Lo puse en mis redes sociales: por México esto y más. Y créanme que marchar fue solo un ejemplo.

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