¿El feminismo no te representa?

Y así llegamos a otro “Día internacional de la mujer” una fecha que de manera obligada abre la conversación de varios temas que pueden resultar polémicos en ciertos ambientes o familias, pero que exponen también la realidad que se vive en el mundo y que es necesario visibilizar.

A la palabra “feminismo” por lo menos en mi círculo cercano, se le han adjudicado términos asociados a lo negativo: feminazis, locas, violentas, radicales…

Y esto genera que se cierren los ojos, la puerta y el juicio a una realidad que merece ser expuesta, criticada y cambiada. Debo reconocer también que la gran mayoría de las personas que adjudican estos términos a las luchadoras sociales de esta época, se mueven en un ambiente privilegiado. Cuando si leemos, profundizamos y analizamos el sentido de este día y de este movimiento, nos daríamos cuenta que TODAS DEBERIAMOS DE SER FEMINISTAS. Y permíteme explicarte él porque…

Ni una sola persona que está leyendo este texto puede negar que las mujeres a lo largo de la historia hemos nacido con menos derechos que los hombres “por el simple hecho de ser mujeres” –o sea por cuestiones de género-.

Y me voy a datos concretos: para que las mujeres pudiéramos votar, pudiéramos tener acceso a la educación, ser acreedoras de bienes inmuebles, vestir pantalones (por más absurdo que suene) y tener participación activa en la sociedad con sueldos similares a los de los hombres, tuvo que haber una lucha de “feministas” que consiguiera a base de protestas y exigencias estos derechos que si bien, a los hombres se les concedió desde que nacieron por el simple hecho de ser hombres, a nosotras no.

Lamentablemente, esta desigualdad es algo que no ha cambiado con el paso de los años, en pleno año 2021 seguimos inmersas en injusticias sociales que son risibles, indignantes y lamentablemente ciertas. Aquí unos ejemplos:

  • La mujer recibe menos herencia que el hombre en Túnez, país en donde les dan solo la mitad de lo que les correspondería mientras que el hombre recibe el doble que las hijas.
  • La mujer puede ser asesinada si es infiel en Egipto, en donde la ley sostiene que cualquiera que sorprenda a su esposa cometiendo el acto de adulterio y la mata, será castigado con una detención, en lugar de los 20 años que le corresponderían por asesinato.
  • Una mujer NO se puede divorciar en Israel, en donde regidos bajo la ley rabínica se sostiene que las mujeres tienen menos derecho a divorciarse que los hombres, quienes no están obligados a concederles el divorcio.
  • El testimonio de una mujer no vale lo mismo en Irán, en donde puede declarar una mujer ante tribunales solo si sus palabras están respaldadas por dos testigos masculinos.

Si te indigna lo anterior y crees que es injusto y que la mujer debería de tener los mismos derechos que el hombre:  ENTONCES ERES FEMINISTA.

Ahora, ya que estamos claros que nacemos en una cultura que oprime a la mujer, permíteme explicar porque buscamos representación y participación en nuestra sociedad con dos claros ejemplos de leyes mexicanas:

  • En al menos 14 estados existen códigos civiles en donde le prohíben a las mujeres divorciadas volverse a casar hasta después de un año, en tanto que los hombres se les permite hacerlo de inmediato.
  • Baja California, Campeche, Durango y Sonora dejan de castigar el estupro – relación sexual con una menor- si el agresor contrae matrimonio con la víctima.

Es evidente, que estos códigos civiles se escribieron en el siglo pasado, y claro está también que quienes los redactaron fueron hombres.

¿Entiendes ahora el porqué de la importancia de las mujeres en la vida activa del país?, porque necesitamos estar en LAS MESAS en donde se escriben las reglas del juego y se establecen las condiciones de la mujer en general. Anteriormente, al ser un espacio al que no habíamos tenido acceso como género, se crearon condiciones de desigualdad entre el hombre y la mujer que arrastramos hasta hoy como realidad.

Y esto me lleva a mi último punto – y el más polémico de todos también-: las formas de manifestarse.

Es evidente, que en los últimos años ha incrementado en gran medida la violencia en las manifestaciones y se han intensificado la fuerza en las maneras de exigir justicia.

¿Pero sabes que ha incrementado también? La violencia y fuerza con la que asesinan y mutilan a las mujeres en nuestro país TODOS LOS DÍAS.

  •  Del 2015 al 2020 el número de víctimas de feminicidio en México aumentó un 130%.
  • Desde que inició la pandemia, la violencia domestica aumentó un 60%
  • TODOS LOS DÍAS MUEREN 11 MUJERES VICTIMAS DE LA VIOLENCIA DE GENERO
  • Y el 97% de los feminicidios se quedan impunes.
  • 4 de cada 10 mujeres han sufrido violencia sexual
  • Y cada 18 segundos, una mujer es violada en México.

Evidentemente la rabia que esto genera, – sobre todo por la impunidad que reina en el país y que cobija a los agresores- no se puede expresar con rosas, poemas y modos “discretos”.

Detener y condenar esta violencia, es la lucha que le tocó a nuestra generación.

Cerrar los ojos a esta realidad únicamente refleja tu situación de privilegio y la poca empatía a todas las víctimas que sufren todos los días situaciones de violencia en sus entornos. Y decir que “no eres feminista” o que “el movimiento no te representa” (por no estar de acuerdo con las formas) cuando gracias a ese mismo movimiento tienes acceso al voto y a la universidad, lo único que refleja es la ignorancia que tienes hacia el mismo.

Para concluir – de una manera menos agresiva-, permíteme decirte que hay más de una rama dentro del feminismo, y son tan amplias que van desde las feministas pro-vida, hasta el feminismo radical. Si lo que te disgusta es una rama en específico del feminismo, te invito a dejar a un lado las diferencias y enfocarnos en lo que realmente importa: construir una sociedad más justa, menos violenta y más igualitaria para nuestras hijas y próximas generaciones.

Porque yo si sueño que Macarena (mi futura hija), no tenga miedo de caminar sola por la calle, que no sienta culpa por desarrollarse profesionalmente, que no viva acoso en su trabajo ni en el ambiente en el que ella quiera desarrollarse, que no tenga que dar explicaciones de lo que ella decidió ser. Sueño con todas mis fuerzas, que a ella no le maten a ninguna amiga, que no conozca esta rabia, que no viva con miedo, que tome taxis, ubers, cabify o lo que ella quiera tomar, sin temor a que la violen o desaparezcan en el trayecto (porque es real que todas lo sentimos), que no llore cuando vea las noticias y que lejos de luchar para detener la violencia en contra de las mujeres de su generación, marche también para agradecer y conmemorarnos a todas las que lo hicimos antes que ella.

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