INICIÓ EL PROCESO ELECTORAL EN AMÉRICA LATINA Y TRAE CONSIGO LA OPORTUNIDAD DE REPLANTEAR ESTRATEGIAS DE COMBATE AL COVID-19

Por: Marisa López Collado

El 2021 se caracterizará en México y en varios países de América Latina como un importante año electoral. Más de 9 países acudirán a las urnas a refrendar o cambiar mandatarios, lo que se traduce directamente en refrendar o cambiar estrategias. No se trata de un proceso electoral más, hablamos del primero en nuestra historia en desarrollarse durante una pandemia mundial, situación que evidentemente  potencializa la importancia de las decisiones que estamos por tomar.

¿A qué me refiero con esto? Te lo explico en contexto, ideología y números.

Perú, Chile, Haití, Honduras y Nicaragua, celebrarán elecciones para definir la presidencia y renovar el congreso federal; Argentina, el Salvador y México cambiarán al poder legislativo y cargos cruciales como algunas gubernaturas, alcaldías y congresos locales.

La relevancia de estas elecciones, a diferencia de las anteriores, es el importante golpe de timón que se puede dar a las estrategias que hasta ahora, los gobiernos en turno han implementado para combatir la pandemia.

En América Latina, se concentran 650 millones personas, lo equivalente a 8% de la población del mundo, y este ocho por ciento de población mundial, lamentablemente, en estadísticas representa  28% de las muertes por COVID-19.

Lo anterior, evidentemente es consecuencia directa de las estrategias de combate a la pandemia que cada gobierno ha implementado.

Para darnos una idea, 5 de los 20 países con más contagios están ubicados en esta misma parte del contiene americano; hablo de Brasil, México, Colombia, Argentina y Perú. Y por si todo esto fuera poco, América Latina es de las zonas más golpeadas en materia económica también:el Producto Interno Bruto (PIB) durante el 2020 cayó 7.7%, lo que se traduce en 40 millones de personas que se agregaron a la estadística de pobreza, situación que lamentablemente podría prolongarse por la lentitud en los pedidos y procesos de vacunación.

El SARS-COV-2 actúa de la misma manera en todos los países, pero la diferencia en el número de muertes y crisis económica depende, en gran medida, de la estrategia que cada gobierno emplea para combatirlo.

El ejemplo perfecto de lo que “un golpe de timón” en cuestiones de estrategia significa, nos lo dio Estados Unidos, en donde el cambio de administración federal del republicano Donald Trump al demócrata Joe Biden se vio reflejado de inmediato en acciones concretas: 50 millones de ciudadanos fueron vacunados en los primeros 41 días de la nueva administración, se aumentó de manera significativa el número de pruebas para detectar la propagación del virus; se reabrieron de manera ordenada  los colegios y hubo un incremento en los estímulos económicos que sirven para afrontar las desigualdades generadas por la enfermedad.

A esto me refiero cuando hablo de la importancia de este proceso electoral; al refrendar al gobierno en turno o  sacar del poder a ciertos funcionarios, se actualizan las estrategias de combate al COVID-19, o sacar del poder a quienes no se han comportado a la altura. Así de simple.

Tres de los países que encabezarán los procesos electorales más mediáticos son Argentina, Chile y México. Chile celebra elecciones presidenciales el próximo 21 de noviembre; Sebastián Piñera –el actual mandatario- no solo ha enfrentado las protestas sociales más fuertes de las últimas décadas en su país que llevaron a un referéndum nacional que concluyó con la decisión de cambiar su Constitución, sino que en las últimas semanas se convirtió en el país líder de vacunación de América Latina.

Mientras que, en México y Argentina, López Obrador y Alberto Fernández se enfrentarán a sus primeras elecciones para medir su popularidad; ambos mandatarios, encabezan gobiernos de izquierda en 2 de los 5 países a nivel mundial con más contagios de COVID-19.

¿Tomaremos la oportunidad que la democracia y las urnas nos dan de cambiar la manera en cómo los gobiernos actuales enfrentan la peor crisis en la historia de nuestra generación, cuyos datos se comparan en dimensiones a la magnitud de tener un terremoto todos los días? O, ¿será un proceso electoral marcado por el abstencionismo?

Esta última decisión, sí recae en nosotros.

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